Crítica de WhereToEatNow
Dejemos claro qué es esto: la Tasca do Chico es un bar de fado que sirve comida, no un restaurante con música. Si vienes esperando una cena, te decepcionará. Si vienes esperando fado vadio —la tradición libre y aficionada donde canta cualquiera que sepa— tendrás una de las noches más conmovedoras de Lisboa por el precio de un par de cervezas.
La sala es pequeña, oscura y está cubierta de bufandas de fútbol y fotografías. Cuando alguien empieza a cantar, las luces bajan y la sala se calla por completo, incluida la gente que estaba a media conversación y a media copa. El nivel varía muchísimo, que es todo el sentido del vadio: puede tocarte un vecino nervioso probando suerte y después un profesional que ha pasado por casualidad y levanta el techo. Los buenos son verdaderamente sobrecogedores.
Come antes de venir y pide después presunto, queso, aceitunas y pan para tener algo en la mesa. Está bien —buen jamón, pan decente— y no es por lo que estás aquí. Bebe cerveza o vino de la casa y no le des más vueltas.
Notas honestas: está lleno y casi siempre solo de pie, y puede que pases la noche pegado a una pared. Llega pronto para conseguir sitio o asume que estarás de pie. El silencio durante el cante lo impone la sala, y con razón: si quieres charlar, sal fuera. Hoy está en el circuito turístico, pero el cante sigue siendo real, que es más de lo que puede decirse de las casas de cena-con-fado que cobran cinco veces más.